¿Será quizás un marino de Solís el primero en levantarse?
¿O tal vez el hambre hecha muerte, en la triste pampa, de un soldado de Pedro de Mendoza?
No sé.
A lo mejor me estoy equivocando y todo tenga su inicio con un Arribeño o un Patricio caídos bajo las piratas balas en la esquina de la Virreyna Vieja en un Buenos Aires regado de aceite caliente.
Junto a esa costa de un río color chocolate donde, francés de por medio, fueron vencidos los verdaderos HIghlanders del Regimiento 71 cuya bandera pude ver un día, rasgada y sucia de derrota, en un museo olvidado ya, en este tiempo de shoppings y Puerto Madero.
En esta triste pampa de la que salieron otros.
Armas en la mano rumbo al Alto Perú.
Suipacha.
Huaqui.
El éxodo jujeño.
Salta y Tucumán en manos de un abogado convertido en general.
Vilcapugio y Ayohuma.
San Lorenzo entre los brazos de un soldado con experiencia.
La cordillera vencida por un puñado de valientes.
Chacabuco y Maipú.
Chile libre.
Y Perú también.
Y los caudillos.
Y la guerra civil.
Y ellos.
Correntinos, mendocinos, puntanos, tucumanos, salteños, jujeños, bonaerences, entrerianos y ese y aquel y el de más allá.
Todos.
El miedo hecho patria.
Libertad o muerte.
Y la patria.
Siempre la patria.
Que todo lo pide.
Que todo necesita.
La sangre y la carne.
Federales y Unitarios.
Conservadores y Radicales.
Yrigoyen y Perón.
Evita hecha pasiones que se muere y se muere en medio de una tragedia más griega que argentina.
Y la Revolución Argentina.
Y la Patria Socialista.
Y los falcón verdes.
Y el deme dos.
Y el sueño de la Argentina derecha y humana hecha angustia infantil tras un manto de neblina que nos hizo despertarnos un día con miles de desaparecidos y la angustia de haber sido y el dolor de ya no ser y el no bajar los brazos y el "se levanta en la faz de la tierra una nueva Nación ..."
Para volver a creer.
Para terminar vencido al fin.
Y ellos.
Ellos.
Nuestros muertos de mil y un batallas.
Que comienzan a despertar.
Que escapan de sus tumbas.
Y que pasan frente a nosotros.
En marcha triunfal.
Para que nos despertemos.
Para que volvamos a creer en estos tiempos en que algunos se ríen en la cara de nuestras leyes, de nuestra democracia.
De que no todo está perdido.
De que en medio de acusaciones y mentiras y posibles fraudes y que yo no fuí, fuiste vos, no fue aquel, no ...
Digamos basta.
¡Basta por favor!
Nos lo piden ellos.
Los que abandonan sus tumbas y vienen hacia aquí.
Para que tantas muertes no hayan sido en vano.
Para que sigamos creyendo que solo la Democracia podrá marcarnos el camino.
Vamos.
Es díficil.
¡Mierda si lo es!
Pero vamos.
Pongamos en esas urnas, que tanto nos costó conseguir, un voto.
El nuestro.
El que creamos que es el mejor.
Izquierda.
Derecha
O Centro.
No importa.
Siempre que desde el fondo de nuestros corazones algo nos diga que lo que estamos haciendo es lo mejor.
Vamos.
Por ellos.
Por nosotros.
Y por esta, nuestra Argentina.
Por ella.
Vamos.
Para que alguna vez alguien diga:
Fueron ellos, en su mejor hora.